Una investigadora convierte el humor en herramienta para la ciencia comunitaria
Letonia Copeland-Hardin sabe que ganarse la confianza de una audiencia no es un detalle menor, sino el punto de partida de cualquier trabajo que pretenda ser escuchado. Como investigadora postdoctoral en la Universidad de Chicago, dedica buena parte de su labor a estudiar la relación entre la exposición a contaminantes y el riesgo de cáncer, un campo que exige diálogo constante con comunidades reales. Esa misma exigencia, dice, la enfrenta cada vez que sube a un escenario como comediante de stand-up.
Ambas facetas, en apariencia distantes, terminaron por encontrarse. Junto a la investigadora Myeshia Shelby y la comediante Kelsie Huff, Copeland-Hardin desarrolló “Reading and Working the Room”, un taller y currículo de acceso gratuito pensado para que científicos aprendan a usar recursos escénicos -lectura de audiencia, construcción de cercanía, manejo del silencio- con el fin de mejorar su relación con las comunidades que estudian. jogos que pagam
La vocación por la comedia viene de la infancia: a los nueve años ya anotaba “comediante de stand-up” como su futura profesión en el anuario escolar. Sin embargo, no fue hasta 2019, tras casi una década dedicada a la investigación, cuando se animó a subir por primera vez a un escenario. “Empecé en la comedia para lidiar con mucho del estrés y el aislamiento que sentía en el posgrado”, explicó.
Investigar con la comunidad, no sobre ella
Gran parte del trabajo de Copeland-Hardin se enmarca en la llamada investigación de base comunitaria, un enfoque que coloca a investigadores y comunidad en un plano de igualdad. “Trabajas con la comunidad, no sobre las comunidades”, resumió. En ciudades como Chicago, donde ciertos sectores han sido “históricamente dañados” por decisiones científicas pasadas, sostiene que el proceso de reconstrucción de confianza no es opcional: es un requisito previo para que cualquier dato recogido tenga valor real.
El escenario como laboratorio de conexión
Sobre las tablas, donde actúa bajo el nombre artístico LT, Copeland-Hardin domina el arte de involucrar al público. En septiembre participó del Future of Comedy Festival organizado por The Lincoln Lodge, en Chicago. Al inicio de su rutina lanzó una pregunta aparentemente simple sobre un cereal popular, y con eso transformó el monólogo en una conversación. Esa apertura le permitió, minutos después, llevar a la audiencia hacia temas científicos complejos -incluida una anécdota sobre la disección del cerebro de una mosca de la fruta- sin perder su atención ni su confianza.
Un currículo para cerrar una brecha de formación
El objetivo del taller no es que cada investigador se convierta en comediante, sino que incorpore herramientas de conexión genuina con públicos no académicos, algo que, según Copeland-Hardin, rara vez se enseña en la formación científica tradicional. El material está disponible para que cualquier persona interesada lo descargue, incluidos los materiales de facilitación, y fue impulsado inicialmente con financiamiento de Research!America, organización que buscaba específicamente proyectos orientados a cerrar esa brecha entre ciencia y comunicación pública.
“Como científicos, es nuestra responsabilidad compartir la información con el público”, afirmó. Esa convicción, dice, es la raíz común de sus dos carreras: “Tengo un fuerte deseo de conectar”. Ya sea frente a una audiencia, ante una comunidad afectada por la contaminación o incluso ante una mosca de la fruta en un laboratorio, Copeland-Hardin insiste en que ese vínculo -construido con paciencia, honestidad y, cuando se puede, con humor- es lo que finalmente permite que la ciencia llegue a quienes más la necesitan.